¿Cómo nos educaron nuestros padres y cómo se relacionan entre ellos/as?

Estilos parentales y conyugalidad

Nuestra familia es el lugar donde descubrimos el mundo. De hecho, es el único mundo que existe hasta que, al crecer, vamos conociendo otros mundos nuevos. Hasta ese momento, las normas y creencias de nuestra familia son lo único que nos guía.

Metafóricamente, podemos pensar que es como una subcultura dentro de la sociedad. De pronto, en el cole, cuando hacemos amigas/os nos damos cuenta de que sus familias son distintas, y nos parece raro. Como cuando vamos a otro país y nos sorprendemos ante sus costumbres.

Nuestra familia es nuestra raíz, y por mucho que luego podamos distanciarnos más o menos, siempre estará en nuestra memoria. Hoy vamos a hablar de dos grandes temas que nos afectan de nuestras familias: la manera en que nuestros padres nos tratan y la manera en la que se tratan entre ellos/as.

¿Cómo me tratan mis padres?

Tal y como hablamos en el artículo de «desarrollo emocional infantil», hay dos grandes necesidades parentales que todo/a niño/a tiene : sentir afecto y que le enseñen a respetar los límites.

-Sentir afecto: en este sentido, necesitan sentirse valorados/as, que importan, y sobre todo, que no van a ser abandonados/as. Recuerda que para un/a niño/a ser abandonado significa la muerte (mira el artículo de «teoría del apego»).

-Que le enseñen a respetar los límites: esto es algo muy importante para poder vivir en sociedad. Si no aprenden a respetar los límites no podrán aprender a tener autocontrol, y por lo tanto no podrán respetar las normas de convivencia.

Las distintas formas en la que las familias tratan a sus hijos/as en base a estas dos necesidades se llaman ESTILOS EDUCATIVOS. Existen cuatro estilos educativos distintos:

1. Autoritario

¿Cómo es?

Tal y como se ve en la gráfica, los padres con este estilo educativo ponen límites pero no aportan afecto. Suelen recurrir a los castigos, insultos o amenazas y poco a las alabanzas. Además, la comunicación es unidireccional (solo tienen derecho a hablar los padres).

¿Qué consecuencias tiene para los/as hijos/as?

Tener padres autoritarios supone, en la mayoría de casos, vivir en el miedo. Y esto, aparte de ser una experiencia muy poco agradable, tiene secuelas psicológicas y emocionales.

Tener la sensación de que en cuanto te equivoques te pueden gritar, castigar, despreciar… hacen que el niño/a esté en estado de alerta contante. Como un animal que sabe que su depredador está cerca. Este estado de alerta constante hace que el cortisol (la hormona del estrés) esté la mayor parte del tiempo por las nubes.

Vivir con el cortisol muy alto hace que sea muy difícil concentrarse, por lo que los/as niños/as con este tipo de padres pueden tener dificultades en el cole. Imagina ponerte a estudiar cuando te sientes como si hubiera un depredador cerca…¡es casi imposible!

También tendrá poca confianza en sí mismo/a. Esto suele ocurrir en los/as niños/as que tuvieron padres que nunca llegaron a estar orgullosos/as de ellos/as. Acordaos de que nuestra forma de hablar con nosotras/as mismas en nuestro diálogo interno es en parte aprendida de nuestros cuidadores. Si nadie me dijo «que bien lo has hecho», será difícil para mi aprender a decírmelo. Esta sensación puede derivar en síntomas depresivos.

Otra característica de los/as hijos/as con padres autoritarios es que desarrollan lo que se denomina una moral heterónoma. Esto significa que aprenden a hacer las cosas por miedo al castigo. De esta manera, les costará motivarse y luchar por cosas cuando este castigo ya no esté.

En ocasiones, estos/as niños/as reproducirán la agresividad de sus padres, ya que simplemente la habrán aprendido por observación. De hecho, la repetirán porque habrán interiorizado que esa es la forma en que hay que tratar cuando quieres a alguien.

2. Negligente

¿Cómo es?

Los padres con este estilo educativo ni enseñan a respetar los límites ni dan afecto. No se implican emocionalmente en los asuntos de sus hijos/as, mostrando poca motivación hacia las responsabilidades educativas.

¿Qué consecuencias tiene para los/as hijos/as?

Este estilo educativo puede tener como consecuencia graves problemas de salud mental. La falta de afecto es algo tremendamente doloroso para un niño/a. De hecho, está demostrado que para desarrollarse sanamente es necesario sentir el afecto y la protección de los cuidadores.

Primero de todo, le costará mucho desarrollar relaciones sociales sanas. ¿Por qué? Por la simple razón de que no habrá tenido la oportunidad de aprender mediante el ejemplo. Además, podrá desarrollar sentimientos de que no merece ser querido/a, o aún peor, de que no es una persona «querible».

Debido a la falta de límites, tendrá problemas en el control de sus impulsos. Esto, ademas de problemas para relacionarse socialmente, podrá traerle otros problemas como agresividad, problemas de conducta, tendencia al consumo de drogas…

3. Sobreprotector

¿Cómo es?

Padres con este estilo educativo dan mucho afecto pero no enseñan límites. Responden afectivamente a las necesidades de sus hijos/as, pero muestran demasiada permisividad. Además, tienden a resolver los problemas por sus hijos/as, no dejándoles aprender a resolverlos ellos/as mismos/as.

Este perfil suelen ser padres o madres que evitan el conflicto y que tienen miedo a que sus hijos/as les rechacen. En ocasiones también hay padres o madres de este estilo educativo que «necesitan que les necesiten».

¿Qué consecuencias tiene para los/as hijos/as?

Debido a que no les han puesto límites, estos/as niños/as no habrán podido aprender a controlar sus impulsos. Esto hará que les cueste respetar las normas de convivencia, y también les costará controlar su agresividad, su ansiedad, sus emociones…. Debido a esto, también les será complicado conseguir objetivos cuyas recompensas no sean a corto plazo.

Además, al no haber aprendido a resolver los problemas por ellos/as mismos/as, tendrán poca capacidad de resolución y baja confianza en sí mismos/as. De hecho, un famoso estudio de la neurocientífica japonesa Kosuke Narita demostró que los/as niños/as que tuvieron padres sobreprotectores tenían menos materia gris en la región prefrontal del cerebro. Efectivamente, esta es la región del cerebro que se encarga de solucionar problemas, afrontar retos, tomar decisiones…. Al no haber podido practicar esta habilidad, estos/as niños/as no tuvieron la oportunidad de desarrollar esta parte del cerebro.

4.Democrático

¿Cómo es?

Lo padres con este estilo educativo dan afecto y también saben poner límites. Estos padres dan afecto y son sensibles ante las necesidades del niño/a, pero a la vez ponen límites de una manera sana.

¿Qué consecuencias tiene para los/as hijos/as?

El haber recibido afecto hace que estos/as niños/as se sientan valorados/as y queridos/as. Hará que desarrollen competencias sociales sanas y una autoestima positiva.

Además, el saber respetar los límites hará que no sean personas invasivas, sino todo lo contrario, que respeten las necesidades del otro/a a la vez que las suyas mismas.

Tendrán autocontrol y sabrán luchar por objetivos que les aporten recompensas a largo plazo.

Este último estilo parental, el democrático, es el considerado como positivo, ya que es el que causa los efectos más sanos en el/la niño/a. Para lograr este estilo, como ya hemos comentado, debemos hacer sentir a nuestros/as hijos/as que les queremos, y también ponerles límites de manera sana. En este artículo explico cómo poner límites de manera sana en función de la etapa evolutiva del niño/a.

Os dejo un vídeo realizado por la FAD que muestra estos cuatro estilos educativos a partir de ejemplos. Como veréis el primer caso muestra el estilo negligente, el segundo el estilo autoritario, el tercero el estilo sobreprotector y el cuarto el democrático.

¿Cómo se tratan entre ellos/as?

Es bien sabido que el cómo nos tratan nuestros padres nos afecta. Sin embargo, se suele dar menos importancia a cómo nos afecta la forma en la que se tratan entre ellos, es decir, el cómo son como pareja. Esto nos afecta directamente porque viendo como se tratan APRENDEMOS, mediante la observación, cómo hay que tratar a las personas que queremos. Además, el cómo se tratan como pareja nos sitúa en un rol u otro como hijos/as, tal y como explicaremos más abajo.

Hasta ahora ya hemos visto cuándo la parentalidad es positiva y cuando no lo es. A continuación vamos a relacionar esto con la conyugalidad. Cuando decimos conyugalidad nos referimos a la relación de pareja que tienen nuestros padres. Ésta será positiva cuando existe reciprocidad en lo cognitivo (reconocimiento y valoración mutuas), lo emocional (ternura y cariño mutuos) y lo pragmático (deseo y sexualidad mutuos).

Una vez explicado esto, vamos a pasar a describir cuáles son los TIPOS DE PAREJA en función de si la parentalidad y la conyugalidad son o no positivas. Para explicarlo, vamos a utilizar la tipología que establecieron Campo y Linares.

1. Pareja triangulada

¿Cómo es?

Se da cuando la pareja de padres ejerce la parentalidad de manera positiva pero la pareja es disfuncional.

Debido a que los miembros de la pareja no son capaces de resolver su situación por si solos/as, buscan una tercera persona que les ayude a resolver sus conflictos. Esta tercera persona suele ser ocupado por el/la o los/las hijos/as. Se dice que esta persona es la persona que está «triangulada».

Así, esta persona puede «solucionar» la situación que la pareja por sí sola no puede. Los/as hijos/as pueden por ejemplo, hacer de pegamento y así sostener una pareja que si no ya estaría rota. O uno de los miembros de la pareja puede establecer un «bando» con los/as hijos/as y así tener más peso para ganar las discusiones. O la persona que está triangulada podría servir de comunicador entre las parejas que no se comunican entre ellas: «dile a tu padre que voy a buscarte mañana». También pueden triangular a una persona cuando se centran únicamente en los problemas de ella para no tener que afrontar los problemas propios de la pareja: «ahora no podemos preocuparnos por nosotros/as, tenemos que dedicar toda la energía a ayudar a Pepito«.

¿Qué consecuencia tiene para los/as hijos/as?

Los/as hijos/as que están siendo triangulados pueden desarrollar trastornos psicológicos. Obviamente cada caso es un mundo y cada uno tendrá unas consecuencias distintas. Sin embargo la triangulación suele producir problemas relacionados con:

Trastornos relacionados con la ansiedad. Los menores que han sido o son triangulados tienen sobre sus espaldas más peso del que deberían llevar. Incluso a veces más peso del que un/a niño/a puede soportar. Este peso lo constituiría la carga de ser la persona que une a sus padres, o la que es necesaria para que se comuniquen, o la persona que hace de mediadora… Esto normalmente deriva en pensamientos tales como «si hago algo mal se van a separar«, «tengo que ir a cenar a casa todos los días porque sino mis padres no van a hablar de nada, o van a discutir«, «será mi culpa si se separan«, «es mi responsabilidad que estén bien«…

Trastornos relacionados con la psicosis. Estos casos se dan cuando se da la llamada «triagulación desconfirmatoria». Estos casos son aquellos donde el niño/a, además de estar triangulado y por lo tanto funcionar como forma de solucionar los problemas de la pareja de padres, ha pasado a ser invisible. Esto quiere decir que el niño pasa a no ser nada más que el «vehículo entre sus padres». Pasa a no ser importante por lo que siente o por lo que es, se queda sin identidad.

2. Caótica

¿Cómo es?

Se da cuando ni la parentalidad es positiva ni la pareja funciona bien. Se llama caótica porque la situación provoca mucho caos en la familia. Estas familias suelen vivir en tensión constante, ya que no hay nada sólido a lo que agarrarse.

¿Qué consecuencia tiene para los/as hijos/as?

Los/as hijos/as de este tipo de parejas tienen mucho riesgo de sufrir trastornos de la vinculación social. Esto significa que tendrán grandes dificultades para relacionarse socialmente debido a que no habrán tenido la oportunidad de desarrollar habilidades sociales básicas como la empatía.

3. Deprivadora

¿Cómo es?

Se da cuando la pareja funciona bien pero la parentalidad no es positiva. Este tipo de pareja suele verse desbordada por las obligaciones de la parentalidad, y ante esta presión, deciden «escapar» de la parentalidad y esconderse en la pareja.

Debido a esto, suelen darles a los/as hijos/as más responsabilidades de las que les corresponden, exigiéndoles que asuman las responsabilidades que realmente tendrían que asumir los padres.

¿Qué consecuencia tiene para los/as hijos/as?

Los/as hijos/as de este tipo de parejas interiorizarán esta sobreexigencia. Sin embargo el no poder llegar a tener éxito en todas las tareas que esta sobreexigencia conlleva (recordemos que son niños/as y que aún no tienen la capacidad para ello), les hará sentirse enormemente frustrados/as y culpables. Es por esta razón que ser hijo/a de una pareja deprivadora está relacionado con la depresión.

En las ocasiones en las que estos padres oscilan entre este abandono a sus hijos/as y breves episodios de hiperprotección (producidos normalmente por el sentimiento de culpabilidad), también puede producirse en los/as hijos/as trastornos límite de la personalidad (TLP).

4. Funcional

¿Cómo es?

Se da cuando tanto la parentalidad como la pareja funcionan de manera positiva. Estas parejas se caracterizan por tener buena capacidad de resolución de conflictos y de adaptación a nuevas circunstancias.

¿Qué consecuencia tiene para los/as hijos/as?

Las consecuencias de criarse en este entorno son altamente positivas. Los dos modelos de relación que tienen los/as niños/as (padres-hijos y padre-padre) son positivos, por lo que aprenderán mediante modelos sanos y podrán desarrollar sus habilidades sociales y emocionales de manera exitosa.

Contacta con psicólogos si necesitas orientación respecto a este tema.

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