Somatizaciones: cuando es el cuerpo el que habla

Muchas veces, en nuestra práctica como psicólogas nos encontramos personas que tienen dolores corporales sin ninguna base médica. Se han hecho muchas pruebas y no les aparece que tengan ninguna enfermedad. Es entonces cuando nos enfrentamos a las somatizaciones: dolores persistentes, problemas digestivos, cansancio extremo, tensión muscular constante….

En este artículo vamos a contaros una de las posibles causas de esta situación: la memoria corporal.

Psicólogos en Galapagar, Torrelodones, Colmenarejo, Collado Villalba, El Escorial

El cuerpo tiene memoria

Tal y como explicamos con más detalle en el artículo sobre trauma, nuestro sistema nervioso está diseñado para protegernos, activándose de una de las siguientes maneras ante la situación amenazante:

  • pidiendo ayuda
  • atacando
  • huyendo
  • congelándose

Así, nos es útil y funcional. Sin embargo, muchas veces la respuesta ha tenido que ser tan grande que al sistema le cuesta desactivarse, y nos quedamos respondiendo a una amenaza que realmente ya ha pasado. O puede pasar que nos hayamos visto expuestos/as a una situación traumática demasiado tiempo, y entonces el cuerpo haya tenido que sostener la respuesta de alarma durante un periodo muy prolongado.

El cuerpo ha pasado tanto miedo que no se confía, no desactiva la alarma. Esta es la memoria somática: no es un recuerdo racional ni explícito, si no una sensación corporal.

Ocurre que cuando hay un estímulo que se parece a la situación traumática que vivimos, el cuerpo reacciona de la misma manera en la que reaccionó en su momento. Así, a veces podemos sentirnos en tensión sin saber por qué. Simplemente nuestro sistema nervioso, de forma automática, ha desplegado esa respuesta defensiva por si acaso. Este fenómeno se llama reexperimentación: el cuerpo reexperimenta la reacción que tuvo ante el trauma.

¿Por qué esto puede general problemas físicos?

Porque simplemente el sistema no está diseñado para estar «encendido» tanto tiempo. Que nuestro cuerpo esté en respuesta de peligro tanto tiempo hace que esté tenso, gastando mucha energía, con la prioridad puesta en defenderse en vez de en otros procesos como los digestivos…

Y esto hace que nos pueda doler el cuerpo, la tripa, el pecho, tengamos las defensas más bajas, palpitaciones, dolor de cabeza…

No es que nuestro cuerpo esté mal. Si no que está intentando protegernos. Es importante recalcar que la persona no se inventa el dolor ni lo hace aposta. Es el cuerpo el que toma la decisión de activarse o desactivarse de manera refleja.

«Me siento identificada/o pero no he vivido ningún trauma grave»

Tratamiento psicológico para los trastornos somáticos por psicólogos con experiencia

Esta frase la oímos a menudo en nuestra consulta en Galapagar. Es por eso que explicamos que no es necesario haber vivido un trauma terrible para que nos pase esto. También es traumático:

  • Que invaliden nuestras emociones
  • Que nos exijan buenos resultados constantemente
  • Que las emociones de mis figuras de referencia fueran imprevisibles
  • Que no hayan respetado nuestros límites

Y una larga lista de situaciones que por desgracia están normalizadas (y que incluso las personas de nuestro alrededor hacen sin ninguna mala intención) pero son psicológicamente muy dañinas.

¿Cómo abordar esto?

Tenemos que enseñar al cuerpo a desactivar ese mecanismo de defensa que, si bien nos ayudó en un pasado, ya no nos beneficia en un presente.

Para ello, tendremos que:

  • Empezar a observar al cuerpo sin obsesionarnos con él
  • Aprender que nuestro cuerpo no es nuestro enemigo, si no al revés: necesita de nuestra ayuda para sentirse bien
  • Perder el miedo y la aversión a las sensaciones corporales desagradables. Aprender a tolerarlas para poder gestionarlas
  • Identificar los disparadores (son los estímulos que antes comentábamos que hacen que nuestro sistema nervioso active las defensas)
  • Aprender herramientas para regular nuestros estados emocionales
  • Integrar nuestras experiencias pasadas: es decir, trabajar en el trauma. Si por ejemplo lo que me hizo ponerme en tensión constante es que en mi casa no permitieran expresar emociones, tendré que aprender que expresarlas no es peligroso.

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